En su búsqueda por perfeccionar la relación con sus vecinos, Cerro Matoso inició el proceso de consultas previas para adelantar la explotación en la zona de la Esmeralda, una extensión que permite a la mina elevar su producción anual por encima de las 40 toneladas de ferroníquel.

La comunidad indígena del corregimiento Centroamérica, desde la época de consultas previas de “La Esmeralda” manifestó su interés en consolidarse como proveedor de los servicios ambientales de siembras, esto debido a que en su saber ancestral consideran la creación de nuevos bosques como un gran aporte a la conservación de la naturaleza.

Cerro Matoso apoyó su iniciativa con capacitaciones y la oportunidad de ir desarrollando gradualmente siembras de compensación hasta llegar a convertirse en un gran aliado para Pisadas Zenú, la empresa que nació de esa simbiosis y que hoy está consolidada como prestador de servicios de reforestación y compensación ambiental.

Las comunidades combinaron los saberes de antaño y las técnicas agronómicas para ir desarrollando gradualmente un programa de siembras de compensación para recuperar una importante área en la zona de influencia de la actividad minera y mitigar el impacto ambiental.

Ahora miembros de la comunidad trabajan para devolverle el verdor a los alrededores de la mina y recuperar la vegetación nativa que aporta oferta de alimento para la fauna local y enriquece la tierra.

Se trata de una empresa legalmente constituida, integrada por habitantes de las mismas comunidades, que con saberes de antaño y técnicas comprobadas ha tenido la invaluable labor de devolverle el verde a los bosques que circundan la mina.

En los planes anuales de siembra de árboles, Pisadas Zenú tiene un rol destacado, en 2019 desarrolló aproximadamente la siembra del 70% de plántulas previstas, alcanzó en el año un total de 47.241 árboles.

Hoy son los guardianes del bosque, han repoblado con árboles nativos y frutales lo que antes eran potreros áridos, gracias a ello volvieron las aves, los loros, las guacamayas y los micos que se fueron cuando la ganadería extensiva depredó los árboles para expandirse.

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La Subregión del San Jorge Cordobés está siendo golpeada por uno de los delitos que mayor impacto tiene sobre el ambiente: La minería ilegal, ejercida por grupos al margen de la ley.

Esta actividad ilícita considerada por las autoridades como la principal fuente de financiación de los grupos armados ilegales, se cierne como una amenaza sobre la cuenca del río San Jorge y sus aportantes.

Uno de los casos más evidentes es el de la ciénaga de Ayapel, donde recientes estudios de la Universidad de Córdoba y de otras instituciones, revelaron que las aguas de este embalse tienen alta concentración de mercurio, elemento dañino utilizado en la extracción de oro.

A la actividad ilícita se suma otro factor de riesgo; el tráfico de madera y la acelerada y sostenida deforestación de la cuenca del San Jorge, el principal afluente que circunda a los municipios de la Subregión.

Desde el área de gestión ambiental de Cerro Matoso, multinacional minera que opera en esta región, reconocen a estos dos factores como retos ambientales a los que se les debe prestar atención para garantizar a las comunidades un sano suministro de agua, calidad del aire y la conservación de la biodiversidad de flora y fauna.

Cerro Matoso en aras de minimizar su impacto en la zona, trabaja en alianza con la Universidad de Córdoba para realizar investigaciones sobre técnicas de restauración ecológica de áreas intervenidas por la minería.

Créditos

Textos y fotografías: Jorge Padilla y Luis Darío Díaz

Edición de video: Neycer Benedetti

Diseño front-end: Jorge Padilla

Publicado por LARAZON.CO – Montería abril de 2020

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