Viajando al sur de este rincón de Colombia abrazado por el río San Jorge y la extensa y verde sabana cordobesa está la mina de níquel a cielo abierto más grande de Sudamérica: Cerro Matoso, operada por la multinacional minera South32.

Con los años, Cerro Matoso ha perfeccionado su relacionamiento con las comunidades en la zona de influencia de sus operaciones, logrando disminuir el conflicto social derivado por la paradoja de la riqueza del suelo y la pobreza de los pueblos.

Generar tal sentido de pertenencia hacia una compañía minera en tiempos donde se sataniza esta actividad, parece una labor titánica e imposible, conociendo las grandes brechas sociales que el sur de Córdoba tiene aún sin cerrar, pero se han dado grandes pasos.

La compañía puso en marcha una estrategia promoviendo la creación de empresas comunales para integrar a las comunidades a la cadena de valor de la minería y que se conviertan en fuente de empleo, desarrollo y sustento para miles de familias que antes no encontraban fuente de ingresos.

Con el apoyo de la minera empezaron a surgir una serie de iniciativas y emprendimientos locales cuyos protagonistas y gestores son los habitantes de las comunidades vecinas. Ellos entendieron cómo encajar en el engranaje de la cadena de valor de la minería y empezaron a suplir necesidades de la mina que van desde procesos de reforestación hasta dotación de guantes y uniformes. 

En este trabajo conoceremos cuatro experiencias exitosas de emprendimientos locales y comunitarios donde la mujer desempeña un rol fundamental y donde los saberes ancestrales propenden por la conservación del ambiente.  

La medición del índice de pobreza multidimensional realizada en 2018 por el Departamento Administrativo Nacional de estadística, DANE, ubican a Córdoba como el octavo departamento más pobre del país, con una incidencia de pobreza multidimensional del 36,7 por ciento.

Esa misma medición lo ubica como el quinto departamento del país donde la brecha entre lo urbano y lo rural se hace más grande con un 28.6 por ciento, cuando la media nacional es del 26.1 por ciento.

Indicadores que no se compadecen con la riqueza de su subsuelo y el potencial inexplorado de sus extensas costas, pero que marcan la vida de la mayoría de sus habitantes en la ruralidad.

Sin embargo, cabe anotar que una reciente medición del índice de pobreza multidimensional hecha por la firma Ecoanalítica, demuestra que la pobreza está cediendo en las comunidades en la zona de influencia de la operación minera.

Según datos del DANE en 2015, el índice de índice de pobreza multidimensional (IPM) para las comunidades fue en total de 28 puntos en las comunidades de Cerro Matoso y para el año 2019 fue de 26 puntos. Esto implicó que el porcentaje de personas pobres pasó de 38,9% en el año 2015, a 32,3% en el 2019, es decir una variación de 6,6 puntos porcentuales.

En el censo realizado en 2019 en estas mismas comunidades evidenció un aumento de la población, pues en total se identificaron 1.389 hogares con 4.922 personas, lo que representa un incremento poblacional del 31%.

Estos resultados muestran que las Comunidades de Cerro Matoso obtuvieron un nivel inferior de pobreza frente al departamento y la región, lo cual es una señal de la importante intervención que está haciendo la organización en estos territorios.

Las inversiones estatales de la Alianza por lo Social, pacto firmado por Cerro Matoso y el Estado colombiano para priorizar sectores de educación y salud se ven representados en esas mediciones.

Es de resaltar además que la inversión en compras de Cerro Matoso a empresas locales ha ido creciendo de forma paulatina, pasó de $ 27,000 millones en 2017 a $ 36,000 millones en 2019. Para este año 2020 la meta es superar la cifra de compras totales de la empresa en 2019 y llegar a $40.000 millones.

Moldear toneladas de arcilla y fabricar bloques que se usarán en los hornos de la mina parece una labor ruda hecha para hombres, sin embargo, las mujeres de las comunidades de Centroamérica y aledañas se han demostrado así mismas que el trabajo no les queda grande.

Pisadas Zenú es una empresa hecha a pulso de mujer, su representante legal es Yalidis Gil Peñate, una orgullosa integrante de la etnia zenú, dice que la mujer ha desarrollado un rol fundamental en la consolidación de la misma, aportando no solo mano de obra no calificada, sino esfuerzo y la dedicación que las caracteriza.

Con la inclusión de mujeres diversificaron su oferta de servicios y emprendieron la elaboración de los bloques o panelas de arcilla empleados por Cerro Matoso en su actividad industrial, antes debían traerse de otros lugares del país debido a que ninguna empresa en Córdoba los producía, pero ahora son los principales proveedores.

Yalidis una líder innata en su comunidad, visiona a Pisadas Zenú como la empresa que quiere dejar huellas en Córdoba y desde sus inicios en 2016 se ha empeñado en emplear a mujeres cabeza de hogar, madres y desempleadas de las mismas poblaciones, en un proceso cíclico, donde se traspasan los conocimientos de la técnica del trabajo de la arcilla a las mujeres que al cabo de varios meses serán contratadas.

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Uniformada con un mameluco rojo, Yesenia lleva encima más que una indumentaria de trabajo, lleva puestas las ganas de sacar adelante a sus tres hijos en medio de un panorama difícil, desde que su esposo quedó desempleado debe solventar los gastos del hogar que van desde el pago de servicios públicos hasta la comida.

Con voz tímida, relata que el trabajo en la fábrica de bloques de arcilla le ha permitido ayudarse, dice que al principio fue difícil, pensó no tener la capacidad para hacerlo, pero sus miedos quedaron atrás cuando con sus manos armó el amasijo de arcilla gris que transformó en un bloque y al cabo de varias horas vio apilado todo su esfuerzo.

Tiene una compañera de trabajo, Tatiana, aún más tímida que ella, tiene manos ágiles, maneja la arcilla con destreza artesana y cuenta que la vida la llevó a ese trabajo cuando más lo necesitaba, lleva ya casi seis meses de labores y conoce la técnica para hacer bloques de arcilla consistentes, la clave está en hidratar la masa y evitar que se seque.

Con sus manos, estas mujeres elaboran semanalmente 6 mil bloques de arcilla 24 mil unidades al mes, ya casi no dan abasto para la demanda de los bloques usados en el proceso industrial de colado y sangría.

Créditos

Textos y fotografías: Jorge Padilla y Luis Darío Díaz

Edición de video: Neycer Benedetti

Diseño front-end: Jorge Padilla

Publicado por LARAZON.CO – Montería, abril de 2020

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